Prólogo
Zurdo en un mundo diseñado para diestros
Podía usar las tijeras y abrir las puertas, sí, pero siempre con un movimiento torpe, forzado y doloroso. Esa fricción continua contra un entorno que no encajaba con mi forma de agarrar la vida me hacía sentir defectuoso, roto o, simplemente, 'raro'.
Durante cuarenta años, hubo una máquina que nunca pude entender: yo mismo.
Cuando llegó el diagnóstico, no encontré el manual de instrucciones que esperaba. Lo que encontré fue prosa ambigua escrita para que los "normales" se explicaran entre ellos por qué somos "raros". Así que decidí escribirlo yo.
Leer el prólogo completo